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Fernando Cordovez Vargas

“No es de extrañar que el Valle de Villa de Leyva haya significado tanto para los aborígenes de antaño, para las órdenes religiosas contemplativas y para gentes como tú y yo y nuestros amigos y vecinos.” (Gerardo Reichel-Dolmatoff.)

Con estas palabras, el antropólogo Austriaco nacido en el año 1912 en Salzburgo, radicado en Colombia (luego de una invitación que le hiciera el entonces presidente Eduardo Santos) y quien falleció en Bogotá en 1994, con de más cincuenta años dedicados a recorrer el país y penetrar en el corazón de nuestros indígenas, reconocido como el padre de la “antropología arqueológica” en Colombia, da respuesta a las inquietudes y temores de Don Gonzalo Canal Ramírez mientras escribía su libro Villa de Leyva, quien comparte a sus amigos: “Después de escribir estas páginas y releerlas, tuve el temor de exagerar, de caer en la hipérbole, llevado por mi amor a Villa de Leyva. Hice una encuesta entre los más autorizados conocedores de este lugar y me convencí de que mi pasión no traicionaba la realidad.”

Si, Villa de Leyva tiene su encanto su luz particular, Reichel-Dolmatoff, disipando los temores de don Gonzalo le escribía: “En ninguna parte he visto brillar más Venus” y esto es algo de lo cual nos preciamos los habitantes de Villa de Leyva, su luminosidad que toca hasta los más reticentes espíritus, nos mueve a otra dimensión como bien lo cita el antropólogo: “Creo que es por Cucaita, o tal vez por Samacá; a veces me parece que es al pasar por la Quebrada Ritoque; no sé. De todos modos es en alguna parte ya llegando a Villa de Leyva, que me siento pasar por una línea invisible y que de súbito, irresistiblemente, estoy entrando a otra dimensión de mi existencia.”

Para mí, es al pasar por la eterna falla geológica en la carretera que nos trae de Tunja cuando me siento entrar en esta otra dimensión, contagiando mi espíritu de esa luminosidad Leyvana, acrecentando el deseo de estar entre sus gentes.

En el terreno de las leyendas se dice que: “Hay una imagen chamanística en la cual un inmenso hexágono, formado por las estrellas más brillantes, centradas en la constelación de Orión, se proyecta sobre la tierra y traza sobre ella los limites de un extraño país. Es como un inmenso cristal de roca, una torre prismática de paredes trasluciente, y dentro de este espacio se operan transformaciones….” Como bien le recuerda Richael-Dolmantoff a don Gonzalo Canal en busca de apaciguar sus temores.

Para concluir con su libro don Gonzalo escribe: “Como en Villa de Leyva los elementos de la crítica y del análisis no están bien establecidos… usted es libre de de fabricar su propia interpretación. Fascinante libertad para unas vacaciones en busca de la ecología humana: sentirse piloto de su propia fantasmagoría. Es lo que los Leyvanos hacen sin códigos ni manuales.”

En el humilde y bondadoso ejercicio de ésta libertad brindada está la paz de nuestra sana convivencia.

Agradecimientos para Don Rafael Canal Mora por facilitarme el acceso a los escritos de su padre y a Don Mario Morales Barrera por su generosidad al abrirme las puertas de este “Hexágono Estelar”

Un comentario

  1. Ilona Murcia Ijjasz
    Ilona Murcia IjjaszResponder
    diciembre 10, 2014 a las 10:51 am

    Me encantó! !!!

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