Una cita infaltable en la Villa

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Katherine Garzón

carguero villa de leyva

Con una gran sonrisa y brillo en sus ojos, Guillermo cuenta la historia que por tradición familiar lo ha marcado y caracterizado ”Carguero de la virgen de Carmen”.

Su labor principal es darle a la virgen el tan esperado paseo que cada 16 de julio añoran los habitantes y turistas del hermoso municipio de Villa de Leyva. Es en este evento en donde sus calles coloniales se engalanan con el fervor de los asistentes. 24 hombres cada año le cumplen a la patrona de los transportadores, los fieles se acercan con pasión para cumplir promesas o rogar por favores que llevan preparando durante el año.

Guillermo o como le conocen en el pueblo, “Guillo”, lleva 10 años como carguero, pero su historia es curiosa porque fue algo así como llamaríamos en Colombia, “una señal divina”. Llevaba una vida como la de cualquier persona trabajadora, levantarse cada mañana a luchar por sobrevivir era parte de su vida diaria, su devoción por la virgen se intensificó por una casualidad que lo llevó a Villa de Leyva a ser carguero. Cuenta Guillermo que la tradición para hacerse participe de este cargo es bastante selectiva, pues este privilegio lo hereda el hijo mayor de cada carguero.

Guillo estaba pasando por un momento difícil, en el cual su mundo empezó a tropezar con grandes obstáculos, la muerte de sus padres y la crisis económica le llegaron de sorpresa, situación que lo llevó a estar encerrado 3 días, completamente aislado y alejado del mundo. Recibió una llamada inesperada por parte de su hermana quien le comunicó que él debía asistir a la procesión a cargar la virgen para no dejar perder el puesto de su padre, pues su hermano no pudo hacerlo. Guillermo se fue para Villa de Leyva a cumplir con el legado de su padre al que llegó justo a tiempo, como a todos los nuevos cargueros, le dieron la bienvenida y ahora hace parte del grupo ”Hermandad de cargueros de la virgen del Carmen de Villa de Leyva”.

El verdadero recibimiento se lo brindó la virgen del Carmen pues aquel día sus ojos la vieron de una manera completamente diferente, el fervor que sintió al observarla era algo que jamás había experimentado. A partir de ese momento, la virgen del Carmen se convirtió en la dueña de cada 16 de julio, tanto así que en su trabajo saben que para esta fecha no trabaja, pues tiene un cita a 165 km de la capital colombiana, en el municipio colonial del país, cargando sin falta la mayor representación y el icono del pueblo. ‘‘Cargar la virgen se volvió algo mío, algo de arraigo, de adentro, no tendría paz si no pudiera venir”. nos cuenta Guillermo.



Autor:
Actualmente está terminando estudios de comunicación social en la universidad INPAHU. Hace un año forma parte del equipo de trabajo del periódico El Hablador de Sopó y hace parte del equipo de comunicaciones de Mi bella Villa.

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